sábado, 23 de enero de 2010

Lo Primero

El Aura

El aura, del griego aire o brisa, es el campo electromagnético que envuelve a todos los seres vivos, y que se ve influenciada directamente por el estado físico, mental y emocional de cada individuo. En ella, se refleja la personalidad y las situaciones que experimentan las personas. Aquellos que la han visto la describen como un halo de luz que emana del cuerpo, de colores y sin límites definidos.

En 1939, los soviéticos Semyon y Valentina Kirlian descubrieron por accidente el campo magnético del cuerpo humano cuando trabajaban en su laboratorio. Reparando un equipo médico, se dieron cuenta de que una descarga eléctrica entre un electrodo y partículas de piel humana producía cambios en el color. Así, lo que hicieron fue fotografiar dicha descarga colocando directamente la placa sobre la piel. De esta manera, surgió la herramienta científica para captar el aura: la cámara Kirlian.

Sin embargo, si no se cuenta con este aparato existen otros métodos. Los especialistas afirman que no se necesita ser vidente para observar el aura, sólo hace falta un poco de práctica y concentración.

Trucos para ver el aura

Lo primero que se debe hacer es tener mucha paciencia, pues en ocasiones son necesarios meses de ejercicios para lograr ver el aura. Los principiantes suelen ver al inicio colores como el amarillo y el blanco, poco a poco serán capaces de distinguir tonos más brillantes.

Para iniciarse en esta actividad, los especialistas recomiendan intentar ver el aura de las manos, pues en ellas se concentra mucha energía.

Un ejercicio sencillo consiste en sentarse en un lugar de luces suaves, totalmente relajado, y con una hoja de papel. La idea es poner la mano con los dedos separados sobre ésta y mirar fijamente la punta de los dedos y los bordes de la mano. Si se está bastante relajado, se logrará observar una especie de niebla transparente y de poco grosor alrededor. La práctica continua de esta actividad permite a la larga observar el aura; pero es importante destacar que sólo debe hacerse de 5 a 10 minutos al día durante el período de aprendizaje, pues los ojos tienden a cansarse.

Por otra parte, si se desea aprender a observar el aura de los demás es recomendable hacerlo en un lugar cerrado con luz ambiental. Lo mejor sería que la habitación contara con unas paredes blancas o de un color uniforme. Las personas pueden situarse una frente a la otra, con una separación de 2 ó 4 metros, en un cómodo sofá o silla. Luego, deben relajarse y centrar la mirada en el entrecejo del otro, intentando a la vez observar el resto de su cuerpo. Si se hace complicado, se puede empezar por ver su mano. Cualquier resplandor o halo que se observe forma parte del aura.

Otros sitios apropiados para realizar este ejercicio son cafeterías, bares, restaurantes, salones de conferencia y salas concierto, entre otros; pues la luz de los bombillos alógenos permite ver con más claridad el aura, que la luz natural de los espacios abiertos.

En los colores la vida

Los colores y la intensidad de los destellos del aura tienen un significado especial, y pueden revelar cualidades y defectos, situaciones de tensión y enfermedades antes de que se presenten los síntomas.

Los tonos del aura no son como los colores ordinarios, suelen ser traslúcidos, más variados y de mayor cantidad de matices. Las personas generalmente tienen uno o dos colores dominantes, que en la mayoría de los casos constituyen sus colores favoritos. Sin embargo, si la persona está pasando por un momento difícil o lleno de estrés su aura reflejará un tono distinto.


A medida que el individuo evoluciona y crece espiritualmente los colores de su aura cambian; los expertos afirman que entre más limpia y luminosa sea su aura mayor habrá sido su avance espiritual. Igualmente, señalan que la uniformidad de dicho campo energético refleja el equilibrio y estado de salud que posee


PARA VER TU AURA
Para ver nuestra aura lo más sencillo es seguir dos pasos. En el primer paso se busca que la persona aprenda a sentir su campo energético y en el segundo paso ya se da el salto para aprender a verla directamente con los ojos. Sería bueno que si de verdad queremos aprender a ver las auras comenzáramos por el primer paso, puesto que aunque para algunas personas este paso pueda resultar aburrido es de gran utilidad para poder acostumbrar mejor a nuestros ojos para el segundo paso.

Primer paso: sentir nuestra aura

Sentir que tenemos aura nos proporciona más seguridad a la hora de intentar verla. Hay diversos métodos para intentar sentirla, pero sin duda el más conocido y fácil de hacer es juntando las palmas de las manos.

Para realizarlo ponemos nuestras palmas de las manos una al lado de la otra y con una distancia de 30 cm. Así en esa posición prestamos especial atención a qué sentimos en nuestras manos y cómo lo sentimos. Estaremos unos tres minutos.

Pasados los tres minutos acercaremos las palmas de las manos a unos 20 centímetros y repetiremos el proceso de prestar atención a qué sentimos y cómo lo sentimos. Estaremos otros tres minutos.

Pasado ese tiempo acercaremos nuestras manos unos 10 centímetros y repetiremos el mismo proceso que las otras veces.

Finalmente acabaremos a una distancia de entre 3 y 5 centímetros en la que realizaremos el mismo análisis que las fases anteriores.

Lo más normal es que sea en esta última fase en la que notemos una ligera presión, algo parecido a cuando metemos la mano en el agua, pero mucho más suave, incluso casi imperceptible si no prestamos atención. Algunas personas con una mayor sensibilidad pueden sentir su aura en las primeras fases, pero no es lo común.

Analiza especialmente los cambios que vas notando a medida que acercas las palmas de la mano. Lo más tradicional suele ser notar un cambio de temperatura, pero se pueden notar muchas más cosas.

Realiza esta fase hasta que tengas totalmente controlada y analizada la sensación. Tómate todos los días que te hagan falta, porque no será en vano.


Segundo paso: ver nuestra aura

Lo primero es hacerse con dos tipos de cartulinas, una de color negro y otra de color blanco. Estas cartulinas nos ayudarán a hacer de pantalla para facilitarnos la visión del campo energético. Hay personas que ven mejor con un fondo negro y otras que ven mejor con un fondo blanco, así que con la práctica podrás determinar con cual de ella te sientes más cómodo. De todas formas de momento vamos a trabajar con ambas.

La parte del cuerpo que vamos a utilizar para ver nuestra aura será la mano. Vale la izquierda o la derecha, lo que te resulte más fácil. Utilizamos la mano porque en ella siempre se concentra mucha energía y nos facilita las cosas.

Es muy importante que tengas en cuenta que vas a ver el aura no con tu visión central, sino con tu visión periférica, lo que equivale a decir que mientras tu mirada estará depositada en una parte de la mano tu atención se dirigirá a los bordes de la misma. Esto resulta un poco difícil al principio porque estamos muy acostumbrados a concentrar nuestra atención donde ponemos nuestra mirada.


En este caso aquellos individuos que suelen quedarse ensimismados o en su mundo de vez en cuando, tendrán más posibilidades y facilidades para comenzar a ver su aura. También es posible que te duelan los ojos por el esfuerzo, que te marees un poco o que te comiencen a lagrimar. Incluso al principio puede que quedes momentáneamente cegado por una luz. Pero no has de preocuparte porque esto es lo más normal del mundo debido a que tienes la visión periférica atrofiada, y has de volver a recuperarla.

No fuerces demasiado las cosas, comienza con unos minutos al día y a medida que vayas sintiéndote cómodo puedes ampliar el tiempo. Recuerda que tus ojos son un bien muy preciado y que hay que cuidarlos así que una vez más te recomendamos que no te excedas mientras estás aprendiendo.

Bien, el ejercicio se desarrolla de la siguiente manera. Pon una de las cartulinas debajo de la mano que quieres ver. A una distancia de unos 10 a 30 cm. La mano ha de estar abierta y los dedos un poquitín separados entre sí de manera que puedas ver también su energía por separado. Ahora deposita tu mirada en el centro de la mano, pero utilízala más bien como un punto de fuga, es decir, aunque tu mirada está dirigida hacia el nudillo del centro haz como si quisieras ver más allá, es decir, como si quisieras ver qué hay detrás de la mano en la cartulina. A veces puede ser muy útil desenfocar un poco la mirada.

Poco a poco tendrás que ir intuyendo como una neblina transparente rodea tu mano que es tu doble etérico y con el paso de los segundos tendrás que ir descubriendo ya esa neblina con tus propios ojos. Descansa tras unos minutos y prueba el mismo ejercicio con la otra cartulina.

No es normal que las primeras veces veas colores en esa neblina, lo más natural es que la veas transparente y de poco grosor. Pero si sigues practicando verás cada vez con más claridad que esa neblina se hace mucho más gruesa y que adopta algún que otro color. Recuerda que no tienes que ver nada prefijado, ni de una forma concreta. De hecho a veces es posible que veas como uno de tus dedos parece más largo que los otros, o que en determinada zona de la mano la neblina es más gruesa que en el resto.

Tómate lo que veas de manera natural, no lo trasciendas demasiado porque recuerda que es una capacidad que ya tenías de pequeño, pero que se te olvidó. Además te recordamos que todo el mundo puede conseguirlo, así que no desesperes y si de veras tienes ganas de conseguirlo sigue practicando.

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